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De hogares a soñar en grande: la historia de Néstor Carrizo, el joven riojano que transformó su dolor en esperanza

Néstor Carrizo tiene 22 años, nació en La Rioja y su historia es una de esas que interpelan. Creció en hogares convivenciales y familias de acogimiento, y al cumplir los 18 años tuvo que comenzar una vida completamente independiente. Hoy, con esfuerzo y trabajo, no solo logró encaminar su futuro, sino que decidió volver para acompañar a quienes atraviesan la misma realidad que él vivió.

Su infancia estuvo atravesada por situaciones de violencia y abandono, lo que derivó en su ingreso al sistema de cuidados. Sin embargo, destaca que durante su paso por hogares nunca le faltó lo básico: “La pasé bien, nunca me sentí maltratado”.

Al egresar del sistema, el principal desafío fue la autonomía. Sin trabajo estable en la provincia, tomó la decisión de migrar a la Ciudad de Buenos Aires en busca de oportunidades. Allí consiguió empleo como recepcionista, alquiló una habitación en el barrio de Saavedra y proyecta mudarse próximamente a un departamento. En paralelo, ya aprobó el CBC y se prepara para iniciar la carrera de Derecho en la Universidad de Buenos Aires.

Pero su historia no se detiene en los logros personales. Desde hace algunos meses impulsa “Travesía Compartida”, un proyecto solidario mediante el cual organiza actividades recreativas para 26 niños, niñas y adolescentes que viven en hogares de La Rioja.

La iniciativa incluye salidas a espacios recreativos, jornadas en piletas, celebraciones y entrega de útiles escolares. Cada propuesta tiene un objetivo claro: generar momentos de bienestar emocional y construir recuerdos positivos fuera del ámbito institucional.

“Mientras estuve dentro del sistema nunca me faltó nada para estudiar, pero me tenía que conformar con lo que me daban. Esta vez quise que cada uno de los chicos eligiera la mochila que quería”, cuenta. Todas las actividades son financiadas con recursos propios.

El proyecto cuenta con el acompañamiento de organismos provinciales, lo que permite articular con los hogares y garantizar la participación segura de los chicos, siempre junto a referentes institucionales.

En Argentina, cerca de 9 mil niños, niñas y adolescentes viven en hogares convivenciales. A medida que crecen, las posibilidades de ser adoptados disminuyen considerablemente. Néstor lo sabe por experiencia propia: a los 17 años, la Justicia le advirtió que sus probabilidades de adopción eran muy bajas.

“El deseo de tener una familia sigue estando, pero con el tiempo se va apagando”, expresa con sinceridad.

Actualmente, también forma parte de espacios que acompañan a jóvenes que egresan del sistema de cuidados, y busca formarse para defender los derechos de la niñez desde el ámbito legal.

Con “Travesía Compartida”, Néstor no solo brinda momentos de alegría, sino que también deja un mensaje: la importancia de no olvidar a quienes aún permanecen en el sistema. “Ellos me agradecen por no haberme olvidado. Ojalá que cuando se vayan, ellos tampoco olviden”, concluye.

Su historia es testimonio de resiliencia, pero también una invitación a involucrarse. Porque detrás de cada niño institucionalizado hay una historia que merece ser acompañada.

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