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El federalismo pendiente: Reflexiones en el Día Nacional del Guía de Turismo

Cada 31 de mayo se celebra en Argentina el Día Nacional del Guía de Turismo como homenaje al nacimiento de Francisco Pascasio Moreno, el célebre “Perito”, quien con su incansable labor de exploración sentó las bases de nuestro sistema de áreas protegidas. Sin embargo, para quienes ejercen esta profesión en el interior de nuestro país, las postales idílicas y los discursos oficiales de felicitación contrastan con una realidad incómoda: la profunda brecha entre el esfuerzo de los profesionales locales y las decisiones de una estructura macrocefálica y centralista.

¿Fue esta la verdadera intención de Pascasio Moreno?

Cuando el Perito Moreno recorría y defendía nuestros territorios con un profundo sentido patriótico, lo hacía pensando en la soberanía y en el desarrollo de la Nación a través del conocimiento de su propio suelo. Cabe preguntarse entonces: ¿habrá imaginado alguna vez que aquel espíritu federal terminaría capturado por una burocracia que atiende en oficinas lúgubres de Buenos Aires?

Asistimos a una realidad dolorosa. Mientras los guías locales sostienen la actividad en el territorio, las normativas, los cánones y los destinos de los recursos, se deciden en edificios porteños que a menudo arrastran años de desidia estructural y que ni siquiera pueden culminar sus propias refacciones. La distancia entre el escritorio de Capital Federal y el sendero donde el guía trabaja no es solo kilométrica; es una distancia de dignidad conceptual.

El dilema de la soberanía y las agendas externas

El diseño institucional actual exige que las provincias cedan la jurisdicción de sus tierras a un ente nacional bajo la promesa de un desarrollo que muchas veces llega a cuentagotas. Ante la ineficiencia presupuestaria del propio Estado, esa estructura centralizada suele tejer vínculos sinuosos con fundaciones de financiamiento extranjero.

Esto nos coloca frente a una contradicción brutal: ¿estamos delegando el diseño de las políticas turísticas y de conservación en entidades privadas internacionales? Sus agendas, muchas veces, colisionan de frente con las necesidades de trabajo de los profesionales locales y con la idiosincrasia de nuestras comunidades. La conservación del patrimonio no puede convertirse en un colonialismo burocrático que asfixie al laburante local para complacer manuales redactados en el exterior.

El reproche local: La desconexión del “ghetto”

El malestar que late en provincias como La Rioja no es un capricho; es el resultado de ver cómo se gestionan nuestros recursos más emblemáticos desde una lógica de gheto encumbrado. Existe un reclamo histórico y legítimo por la falta de arraigo de quienes toman las decisiones: funcionarios y directores impuestos desde la Capital que dictan restricciones y prohibiciones sin pisar el territorio, desconociendo el valor y la experiencia local, ni el desarrollo sistémici, sustentable y sostenible del lugar.

Cuando la política turística se diseña en un vacío de élite, divorciada del pulso diario del interior, el quiebre con la realidad es total. Esa desconexión no solo paraliza el desarrollo de las comunidades, sino que también se traduce en un profundo reproche político, que termina solapadamente condicionando las estructuras a la mezquindad de las contiendas electoralistas.

El Día del Guía de Turismo no debería ser una fecha para el saludo de compromiso protocolar, sino un llamado a reconquistar el federalismo. El turismo de la Argentina del futuro se consolidará defendiendo la autonomía de las provincias y devolviéndole el protagonismo a los profesionales que, día a día, le ponen el cuerpo, la voz y la identidad a nuestra tierra.

Leopoldo “Poly” Badoul – -Pte Aevyt LR

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