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Bullying escolar: advierten sobre las “microviolencias” y su impacto en niños y adolescentes

El licenciado en Psicología Emanuel Guaraglia (MP 331) mantuvo comunicación con el equipo de Medios Provincia y abordó una problemática cada vez más presente en los ámbitos educativos: las microviolencias escolares y su relación con el bullying.

El profesional explicó que las microviolencias son conductas de baja intensidad que suelen naturalizarse como bromas, chistes o situaciones propias de la edad, pero que pueden generar un importante impacto emocional en quienes las reciben.

“Muchas veces se las minimiza porque no constituyen un hostigamiento reiterado como ocurre en el bullying, pero sí pueden afectar emocionalmente a un niño, niña o adolescente y generar el terreno propicio para situaciones más graves”, señaló.

Entre los ejemplos más frecuentes mencionó los apodos ofensivos, las burlas ante errores, las risas hacia un compañero o comentarios descalificadores que suelen pasar desapercibidos tanto para adultos como para los propios estudiantes.

Guaraglia destacó la importancia de la detección temprana y sostuvo que tanto la familia como la escuela cumplen un rol fundamental en la prevención. En ese sentido, remarcó que los niños aprenden principalmente a través del ejemplo.

“Les pedimos que respeten a los demás, pero muchas veces los adultos hacemos comentarios sobre el aspecto físico de otras personas, insultamos o nos burlamos de alguien. Los chicos observan y reproducen esas conductas”, explicó.

El especialista también subrayó la necesidad de fortalecer los comportamientos positivos dentro de las aulas. Según indicó, no solo es importante corregir las conductas agresivas, sino también reconocer y valorar actitudes como la empatía, la solidaridad y la inclusión.

“Cuando un alumno integra a otro que está aislado, comparte un material o ayuda a un compañero, es importante destacarlo. Premiar las conductas positivas suele ser mucho más efectivo que centrarse únicamente en castigar las negativas”, afirmó.

Respecto a las señales de alerta, Guaraglia indicó que uno de los principales indicadores es el rechazo a asistir a la escuela. Además, pueden aparecer síntomas físicos como dolores de cabeza o de estómago, cambios de humor, bajo rendimiento escolar o aislamiento social.

Finalmente, sostuvo que la prevención del bullying requiere un trabajo conjunto entre familias, docentes, estudiantes y la comunidad en general.

“Es una problemática multifactorial. No depende únicamente de la escuela, de los padres o del niño involucrado. Todos tenemos una responsabilidad y hablar de estas situaciones es el primer paso para prevenirlas”, concluyó.

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