El Canalla se impuso por 3 a 1 en el Estadio Único Madre de Ciudades y conquistó la Supercopa Internacional. Sin embargo, la coronación quedó marcada por la tensión y un escandaloso cierre, con graves enfrentamientos, empujones y piñas entre los futbolistas de ambos planteles tanto en el campo de juego como en el túnel hacia los vestuarios.

En un encuentro de alto voltaje disputado en Santiago del Estero, Rosario Central derrotó por 3 a 1 a Estudiantes de La Plata y se consagró campeón de la Supercopa Internacional. El duelo arrancó parejo, pero el equipo rosarino logró inclinar la balanza a su favor en los momentos decisivos del partido.
El conjunto dirigido por Alexander Medina se adelantó en el marcador a los pocos segundos de iniciado el partido: tras una desconcentración en la defensa del Canalla, Alexis Castro aprovechó una pelota dentro del área para poner el 1 a 0. La alegría para los platenses duró hasta el minuto 23, cuando Ángel Di María frotó la lámpara y, mediante un impecable tiro libre, empató el encuentro 1 a 1. El segundo gol del equipo rosarino llegó desde el punto penal, luego de una polémica falta dentro del área que el árbitro Darío Herrera sancionó tras revisar la jugada en el VAR.
El desenlace del cotejo desató una marea de incidentes y tensión. Con el marcador 2-1 a favor del Canalla, el arquero albirrojo, Fernando Muslera, fue a buscar el milagro al área rival en un tiro de esquina durante el tiempo de adición. En la réplica, Julián Fernández definió con el arco vacío desde larga distancia para sellar el 3 a 1 definitivo. El eufórico festejo del tanto terminó por encender la mecha entre ambos planteles.

Inmediatamente surgieron fuertes discusiones, empujones y agresiones físicas sobre el césped. Las protestas de Estudiantes también se enfocaron en el arbitraje de Darío Herrera por fallos previo al desenlace, al punto de que el presidente del club platense, Juan Sebastián Verón, ingresó al campo a recriminar duramente al colegiado. La gresca continuó en la manga y la zona del túnel de vestuarios con cruces de puños, opacando el cierre de una noche de consagración deportiva.

