En el marco de Septiembre, mes de la Prevención del Suicidio, el licenciado en Psicología Mateo Brizuela, MP 487, visitó el estudio de Medios Provincia para abordar una problemática que requiere atención, acompañamiento y un compromiso activo de toda la sociedad.
Durante la entrevista, Brizuela explicó el origen del lazo amarillo, símbolo utilizado internacionalmente para generar conciencia sobre la prevención del suicidio. Su utilización se remonta a Estados Unidos, a partir del caso de un joven identificado como Mike, quien era conocido en su comunidad por tener un automóvil Mustang amarillo. Tras su muerte, sus familiares y amigos comenzaron a entregar lazos amarillos con mensajes de prevención y pedido de ayuda.
El profesional remarcó que uno de los principales desafíos consiste en “llegar a tiempo” y estar atentos a las señales que puede manifestar una persona que atraviesa una situación de sufrimiento.
En ese sentido, señaló que existen distintos mitos alrededor del suicidio y destacó especialmente uno de ellos: la creencia de que hablar sobre el tema puede provocar que una persona tome una decisión suicida. “Hablar de suicidio no provoca más suicidio”, explicó, al remarcar que poder hablar abiertamente de lo que una persona está atravesando puede ser una herramienta de prevención.
También destacó que las personas pueden dar señales, aunque muchas veces quienes las rodean no logran identificarlas. Entre ellas mencionó el aislamiento social repentino, cambios bruscos de comportamiento, expresiones vinculadas con la falta de expectativas respecto del futuro o sentirse desbordado por determinadas situaciones.

Brizuela hizo especial hincapié en aquellas expresiones que suelen aparecer en tono de broma, como “me voy a matar”, y consideró que no deberían ser ignoradas automáticamente. “Siempre hay que ir al fondo”, sostuvo, planteando la importancia de preguntar y acompañar en lugar de minimizar lo que la persona está expresando.
La importancia de pedir ayuda
El psicólogo también se refirió a las dificultades que existen para acceder a tratamientos de salud mental y señaló que, si bien las situaciones de urgencia son atendidas, muchas veces resulta más complejo sostener posteriormente un tratamiento ambulatorio.
En este sentido, explicó que el acompañamiento profesional requiere continuidad y que, como referencia general, una sesión semanal puede ser necesaria, aunque la frecuencia depende de cada caso y de las características de la situación que atraviesa cada persona.
Además, destacó el rol fundamental de las familias y del entorno cercano para acompañar los procesos de recuperación. “Si tenemos una buena adherencia de las familias y la familia acompaña, va a estar bien”, señaló, aunque reconoció que no todas las personas cuentan con referentes familiares o redes de contención.
Una problemática que puede atravesar a cualquier edad
Brizuela remarcó que el suicidio puede presentarse en diferentes etapas de la vida y que ninguna persona está exenta. Si bien existe una franja etaria de especial preocupación, señaló que puede ocurrir tanto en adolescentes como en adultos mayores.
Consultado sobre las situaciones que observa con mayor frecuencia en su práctica profesional, explicó que muchas veces existe un “quiebre” provocado por una situación particular. Sin embargo, aclaró que ese quiebre es subjetivo y que aquello que para una persona puede parecer menor, para otra puede representar una situación de enorme sufrimiento.
Por eso, el profesional insistió en la necesidad de mirar más allá de lo evidente, escuchar sin juzgar y prestar atención a los cambios de comportamiento de quienes forman parte de nuestro entorno.
La prevención, sostuvo, requiere compromiso de toda la sociedad: hablar, escuchar, preguntar y acompañar puede ser el primer paso para que una persona que atraviesa una situación de crisis pueda pedir ayuda.

