El vino y el mosto siguen entre las economías regionales más comprometidas, según Coninagro. En agosto, el productor recibió un promedio de $290 por litro, un 5% menos que un año atrás.

La vitivinicultura argentina continúa atravesando un escenario crítico. El vino y el mosto volvieron a quedar en rojo en agosto de 2026, de acuerdo con el Semáforo de Economías Regionales de Coninagro, y acumulan 44 meses consecutivos en esa categoría, desde enero de 2023.
El principal problema es la relación entre los precios que reciben los productores y los costos de producción. Mientras los gastos continúan presionando sobre la actividad, los valores de venta muestran dificultades para recuperar el poder adquisitivo, lo que reduce los márgenes de rentabilidad.
Según el relevamiento, durante agosto el precio promedio pagado al productor fue de $290 por litro de vino, con una caída interanual del 5%. Al ajustar los valores a precios constantes, el promedio de los últimos años se ubica en torno a los $721 por litro, una diferencia que evidencia el deterioro de los ingresos del sector.
Menos superficie y caída de la producción
Las dificultades también se reflejan en los indicadores productivos. La superficie destinada a la vitivinicultura se ubicó en 196.000 hectáreas, un 2% menos que las 200.000 hectáreas registradas anteriormente.
A esto se suma la caída de la producción. La vendimia de 2026 alcanzó los 18,4 millones de hectolitros, según los datos consignados en el informe, un 7% menos que en la campaña anterior.
El consumo interno proyectado también muestra señales de retroceso: se estima en 15,3 litros por habitante al año, un 4,5% menos que en 2025.
La combinación de menores precios, costos elevados, reducción de la superficie productiva y retracción del consumo configura un escenario de dificultades prolongadas para los productores y el conjunto de la cadena vitivinícola.
Nueve actividades quedaron en rojo
El Semáforo de Economías Regionales de Coninagro correspondiente a agosto registró nueve actividades en rojo, cinco en amarillo y cinco en verde.
Además del vino y el mosto, entre los sectores más comprometidos aparecen la yerba mate, el arroz, las hortalizas, el algodón, la leche, la mandioca, la actividad forestal y los cítricos dulces.
En estos rubros, el comportamiento de los precios frente a la inflación y la evolución de los costos continúan condicionando la rentabilidad.
La papa pasó a verde y mejoraron otros sectores
En contraste con el panorama de la vitivinicultura, cinco actividades lograron ubicarse en verde: bovinos, ovinos, granos, miel y papa. En estos sectores, los precios mostraron una evolución más favorable en relación con la inflación, lo que contribuyó a mejorar los márgenes de los productores.
El cambio más destacado fue el de la papa, que pasó de amarillo a verde. Su precio aumentó un 19% durante agosto y acumuló una suba del 151% en cuatro meses y del 329% interanual. Esta mejora se produjo en un contexto de reducción del 12% en la superficie implantada.
Por su parte, el tabaco, las peras y manzanas, las aves, los porcinos y el maní permanecieron en amarillo, una categoría que refleja señales mixtas, con costos todavía elevados y precios que no lograron recuperar completamente su poder adquisitivo.
El panorama del sector vitivinícola vuelve a poner en evidencia la persistencia de los problemas de rentabilidad en una actividad clave para las economías regionales argentinas, que continúa sin mostrar una recuperación sostenida después de más de tres años en terreno negativo.

