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Revelan animales extinguidos que vivieron en Vinchina

Millones de años después de que los dinosaurios se extinguieran, aparecieron mamíferos gigantes similares a los de la Era de Hielo, pero más antiguos. La especie humana no existía y en Vinchina por entonces caminaban perezosos terrestres, quirquinchos y una diversa fauna con linajes hoy completamente extinguidos. Casi cinco millones de años después, en 2026, el Museo de la Universidad Nacional de La Rioja exhibe una muestra con piezas inéditas de esos animales que habitaron nuestra provincia “Lo que la tierra resguarda”.

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos?, se lee en un cartel mediano cinematográficamente iluminado al ingresar al Museo de Ciencias Antropológicas y Naturales, uno de los institutos de investigación más antiguos que tiene la Universidad Nacional de La Rioja. Pero iban a pasar cuatro décadas para que llevara ese nombre y se convirtiera en uno de los lugares con investigaciones y vestigios claves para narrar la historia de la provincia y la evolución del planeta. 

Una varilla de madera endurecida al fuego, puntas de proyectil de piedra, un ovillo de fibra vegetal envejecido y una urna funeraria reposan en pequeñas vitrinas de vidrio rectangular en una sala de grandes dimensiones. Ese lugar que propone conocer la evolución de la humanidad a través de restos materiales, es la sala de Arqueología Amanda “Tati” Giordano. A pocos metros la réplica de un esqueleto de dinosaurio de 73 millones de años se alza imponente en el centro de la Sala de Paleontología. Una cita de Charles Darwin completa el cartel de ingreso: “Se hará luz sobre el origen del hombre y su historia”. 

Resguardar el patrimonio no es tarea sencilla y genera controversias ¿Hay que conservar o proteger? ¿El patrimonio puede convertirse en un acto de despojo? ¿Pueden en un mundo caber muchos mundos? ¿Alcanza con la chapa de UNESCO para potenciar el turismo?¿Todo es potencialmente turístico? ¿Cuánta importancia se da a lo intangible como los relatos orales de habitantes de un lugar? Estos y muchos otros interrogantes se hacen quienes integran los equipos de investigación con diferentes perfiles de formación: en el área de arqueología y antropología Lorena Leguizamón, Claudia Revuelta y Clara Larisgotia; en el área de paleontología y biología Francisco Prevosti y Amelia Chemisquy; y en el área de turismo Paula Ruarte, Victoria Salvadeo y Valeria Jiménez. 

El Museo que depende de la secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNLaR dirigido por Astrid Mercado, tiene dos distinciones que lo hacen único entre los de La Rioja. Es repositorio del patrimonio de la provincia (resguarda piezas recolectadas en investigaciones) y tiene un equipo de investigadoras e investigadores permanentes para estudiarlo a través de diversas disciplinas. Como si eso fuera poco, existe como consecuencia directa de la historia de esta cultura y estas tierras. 

En el año 1973 tres hechos fueron determinantes para el patrimonio de La Rioja y la historia del museo: se restituye a la provincia una colección de fósiles recolectados en Talampaya que había salido del país, se crea el Instituto Universitario de Arqueología, Antropología y Folklore, y muere el paleontólogo y anatomista estadounidense que se había llevado a Harvard, con controversias, aquella colección que fue clave para estudiar la evolución vertebrada en el mundo: Alfred Romer. Excepto su muerte, el resto no fue casualidad.    

Aquel instituto nace cuando la universidad todavía era provincial, funcionaba en el ex Hogar Escuela -hoy Centro Administrativo Provincial- y La Rioja todavía no tenía ley que protegiera el patrimonio ni un lugar para resguardarlo. Al poco tiempo cambió el nombre por Instituto de Antropología y se convirtió en custodio de aquella valiosa colección y el ámbito de estudios paleontológicos en la provincia. Así funcionó hasta 1998 y fue la primera huella del museo que finalmente se crea ese año, cuando la universidad llevaba cinco años siendo nacional.

Alfred Romer ya era un académico destacado y sus investigaciones eran de gran valor. Tenía 70 años y estaba jubilado cuando vuelve a la Argentina en busca de evidencia para seguir estudiando cómo evolucionaron peces, anfibios y reptiles extintos. Entre 1964 y 1966 realiza trabajos de campo (campañas, en la jerga paleontológica) y descubre restos de vertebrados en una cuenca ubicada entre San Juan y La Rioja: Ischigualasto-Talampaya. Se los lleva. Casi 40 años después aquel sitio se declararía Patrimonio de la Humanidad pero él iba a morir sin saberlo.

Lo que resguarda La Rioja

La pregunta ineludible ¿Por qué una provincia pequeña del norte argentino, de pocos habitantes y un territorio no muy extenso, ofrece tanto para conocer de la evolución del planeta y dinámicas ancestrales de la cultura y la comunidad? 

“En materia paleontológica La Rioja es clave para entender dos grandes periodos de la tierra”- destaca Pablo Salvadeo, director del Museo. Como profesor de historia despliega la línea de tiempo: “Nuestro planeta sufre cinco grandes extinciones masivas. En la tercera, en el Pérmico, va a morir aproximadamente el 90 por ciento de especies marinas y más del 80 por ciento de las terrestres, una extinción como nunca se vivió en la historia. Inicia el Triásico y empieza nuevamente a poblarse el mundo y a desarrollarse las especies. Durante ese periodo, la diversidad de los principales linajes de vertebrados (mamíferos, dinosaurios, cocodrilos, tortugas) se va a dar en La Rioja actual. La evidencia fósil se encuentra en Talampaya y gran parte de la cordillera y precordillera riojana”. Un tiempo profundo que cuesta dimensionar.

El aporte de esta provincia al conocimiento de la evolución aún resguardaba más: “Pasan millones de años, cae el meteorito, mueren los dinosaurios y empiezan a surgir los mamíferos. Se terminan de desprender los continentes y quedan más o menos como los conocemos hoy. Uno de los pocos lugares en el suramericano, donde se encuentra evidencia fósil y qué animales caminaron por estos territorios, está en La Rioja”, explica Salvadeo. 

Los linajes de animales que habitaban América del Sur antes que ingresaran otras especies desde América del Norte y Central cuando se formó el istmo de Panamá, son parte de la muestra Lo que la tierra resguarda: el cráneo de un perezoso terrestre, la mandíbula de un roedor grande del tamaño de un carpincho y el cráneo de un ungulado, entre otros.

Pero las huellas para rastrear el pasado y evolución de la humanidad no son solo paleontológicas. La Rioja presume de otra importante peculiaridad entre las provincias argentinas porque tiene en su territorio dos sitios Patrimonios Mundial declarados por la UNESCO, que se destacan por paisaje natural y aporte cultural inmaterial: Parque Nacional Talampaya (Villa Unión) y el Qhapaq Ñan, camino del Inca (Famatina y Vinchina). El museo exhibe parte de la materialidad arqueológica y patrimonio intangible de esos lugares que resguardan un valor excepcional y nos distinguen, dice la investigadora Paula Ruarte, magister en Turismo y especializada en el desarrollo y gestión de destinos turísticos. 

Quién habitaba en Vinchina

En la muestra Lo que la tierra resguarda una de las piezas inéditas corresponde al perezoso terrestre. Fue encontrado en Vinchina sobre la Ruta Nacional 76, cerca de la Quebrada de la Troya, en rocas de hace siete a cinco millones de años. Aún no había empezado el ciclo de las grandes glaciaciones, el clima era más cálido y menos árido que en la actualidad. 

El hallazgo del perezoso permitió conocer que existió en un lugar determinado y cómo eran esos ambientes. La paleontología trabaja en colaboración con la geología, las rocas donde encuentra los fósiles tienen información sobre el clima, si estaban o no las montañas, qué comían. “Si comían pasto por ejemplo y hoy ese lugar es un desierto, te está diciendo algo, aquí pasó algo”, explica el investigador y docente de la UNLAR, Francisco Prevosti, paleontólogo especialista en mamíferos. 

El perezoso es herbívoro, comía pastos y arbustos, caminador, con garras para trepar o excavar y pesa alrededor de 60 kilos. Similar a un osito melero en su aspecto y forma de moverse. La película infantil que popularizó un periodo geológico de la tierra conocido como la Era de Hielo y a linajes hoy extinguidos, lo personifica en cambio con parientes más modernos que tienen muchos más kilos. En la actualidad hay pocas especies de estos perezosos, son de pequeño tamaño y habitan en los árboles del Amazonas y otras selvas de América Latina.  

Otras piezas inéditas de la exposición, que tienen entre cinco y ocho millones de años, son la mandíbula de un roedor grande del tamaño de un carpincho también encontrado en el oeste riojano, y el cráneo de un ungulado nativo, mamífero con pezuñas de un linaje extinguido, en “El degolladito”, Aimogasta. Tiene entre 40 y 60 kilos y es similar a un cerdo en el cuerpo y a las vacas en los dientes.

Testimonio vivo

En 2013 el museo de la UNLaR cambia su nombre por el que lleva hasta hoy, de Ciencias Antropológicas y Naturales, para reconocer en su identidad diversas disciplinas científicas que contribuyen a estudiar la sensibilidad humana, social, cultural y simbólica. Estudiantes de carreras afines también realizan ahí sus prácticas y primeros pasos en la investigación.  

Sus investigadoras e investigadores trabajan en la actualidad sobre el turismo y conservación del patrimonio natural y cultural en el NOA. Desde el área antropológica sobre cuestiones agrarias, otros sobre la etnografía arqueológica del norte provincial y sobre la organización comunitaria para producción y agroecología. En las ciencias naturales las investigaciones se enfocan en distintos aspectos de la evolución en mamíferos. El Instituto de Género trabaja sobre ruralidad con acento en mujeres del NOA desde una perspectiva etnográfica, decolonial y situada. Dos décadas atrás las primeras investigadoras de lo que era el Instituto de Estudios de la Mujer fueron pioneras en desarrollar proyectos desde la perspectiva de género en La Rioja. 

Recorrer este museo te introduce en un túnel del tiempo para dialogar con los pueblos que caminaron y habitaron estas tierras, como los habitantes del imperio de los hijos del sol: Los Incas. O antes de ellos la cultura Aguada. Su destreza artesanal y modos de vivir está ahí expresada en piedras, textiles, maderas, metales y cerámicas. Cómo y porqué se enterraban debajo del piso de las habitaciones o construían muros dobles de piedra a modo de defensa. Cómo se organizaba la política y sociedad. Los hallazgos de restos óseos en la Quebrada Don Eduardo demuestran que Talampaya no es tan solo una cuenca triásica donde habla la paleontología, también fue habitada y puede escucharse la identidad de los primeros pueblos agroalfareros. Ahí todo es testimonio vivo.

En la actualidad al museo llegan científicos y científicas de varias partes del mundo para estudiar las piezas resguardadas en el repositorio. También turistas y estudiantes de todos los niveles educativos que lo recorren con visitas guiadas durante el año. 

Qué habría de interesante en entrar a un lugar para mirar vestigios o rastros de otros tiempos, fragmentarios, restos materiales. Como reza el cartel de ingreso al museo “Se hará luz…”

La muestra “Lo que la Tierra resguarda” podrá visitarse de lunes a viernes de 9 a 21 hs en el Museo de Ciencias Antropológicas y Naturales de la UNLAR (Avda Luis de la Fuente esquina Laprida).

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