El profesor Roberto Rojo analizó el significado del 12 de octubre, los conflictos de la conquista y las huellas indígenas que permanecen en La Rioja, desde los nombres de sus pueblos hasta su historia fundacional.

Cada 12 de octubre invita a reflexionar sobre uno de los acontecimientos más trascendentes de la historia: la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492, un hecho que modificó el rumbo de la humanidad y dio inicio a un proceso marcado por el encuentro entre culturas, pero también por la violencia, la explotación y profundos conflictos.
El profesor Roberto Rojo repasó los principales aspectos de ese proceso histórico y destacó que la expedición de Colón estuvo impulsada por la búsqueda de nuevas rutas comerciales hacia Asia, el interés por obtener riquezas y la intención de expandir la religión católica.
Colón llegó al continente después de una travesía de aproximadamente tres meses. Su objetivo era alcanzar la India, pero se encontró con territorios que los europeos desconocían. Para Rojas, aquel episodio representó una transformación histórica de enorme magnitud, aunque advirtió que sus consecuencias deben analizarse desde distintas perspectivas.
La expedición estuvo vinculada a la necesidad de encontrar rutas alternativas para el comercio, luego de que la caída de Constantinopla, en 1453, modificara las condiciones de acceso a los circuitos comerciales tradicionales.
Según explicó Rojo, la búsqueda de oro, especias y otras riquezas se combinó con el propósito de extender la fe cristiana. Estos intereses impulsaron la expansión europea y dieron lugar a conflictos con las poblaciones que habitaban América.
El profesor remarcó que el proceso no puede interpretarse únicamente como una aventura de exploración. La conquista también implicó la explotación de los pueblos originarios y la propagación de enfermedades desconocidas para sus comunidades, como la viruela, que provocaron numerosas muertes.
En ese sentido, sostuvo que el avance europeo formó parte de una etapa de expansión económica que buscaba ampliar los mercados, el comercio y las posibilidades de exportación.
Rojo señaló que el cambio de denominación de la fecha refleja una manera diferente de abordar aquel acontecimiento histórico. Durante mucho tiempo se la conoció como Día de la Raza, mientras que actualmente el eje está puesto en el respeto por la diversidad cultural.
El historiador destacó que la conquista tuvo consecuencias diferentes según los territorios y las sociedades involucradas. En América, se produjeron procesos de mestizaje entre españoles y pueblos originarios, pero también enfrentamientos y situaciones de extrema violencia.
“Fue un encontronazo brutal”, resumió al describir las consecuencias de la llegada europea y las tensiones que marcaron la relación entre los conquistadores y las comunidades indígenas.
Para Rojo, la diversidad cultural es una de las claves para comprender este proceso: dio lugar tanto a fusiones entre pueblos como a choques profundos cuyas consecuencias se extendieron a lo largo de los siglos.
La llegada de los españoles también tuvo consecuencias directas en la historia riojana. Rojas recordó que la ciudad de La Rioja fue fundada en 1591, casi un siglo después de la llegada de Colón a América.
La fundación estuvo acompañada por procedimientos específicos. Según explicó, las autoridades debían considerar las características del terreno, la disponibilidad de agua y las condiciones necesarias para establecer una población. Además, se trataba de un acto jurídico que debía quedar registrado formalmente.
En ese contexto, mencionó a Luis de Hoyos, quien realizó el acta de fundación el 20 de mayo de 1591.
El lugar elegido para establecer la ciudad también generó discusiones entre historiadores. Una de las críticas sostiene que los españoles deberían haberse dirigido hacia la zona del Famatina, conocida por sus riquezas minerales. Sin embargo, Rojas explicó que la resistencia de los pueblos originarios habría representado una dificultad para establecer allí una población.
El profesor destacó, además, que La Rioja conserva una particularidad histórica: permanece en el mismo emplazamiento donde fue fundada. La traza original y construcciones vinculadas a sus primeros tiempos forman parte de las huellas que permiten reconstruir su pasado.
La historia de la fundación riojana tampoco puede separarse de los enfrentamientos entre los conquistadores y los pueblos originarios.
Rojo explicó que, apenas dos años después de la fundación de la ciudad, comenzaron las rebeliones indígenas. La explotación de las comunidades mediante el sistema de encomienda fue uno de los factores centrales de esos conflictos.
Los pueblos originarios eran obligados a trabajar en huertas, tareas domésticas y otros servicios. Para el profesor, esa explotación permite comprender la resistencia que se produjo frente al avance colonial.
En ese escenario, destacó la figura de San Francisco Solano, a quien se le atribuye haber intervenido para desactivar un ataque indígena mediante su prédica y el uso de un instrumento musical conocido como rabel.
Rojo también vinculó ese episodio con el origen de tradiciones religiosas que perduraron en la provincia, entre ellas el Tinkunaco, una de las manifestaciones culturales más representativas de La Rioja.
Una de las huellas más visibles del pasado originario permanece en los nombres de localidades y parajes de la provincia.
Rojo mencionó apellidos como Campillay y Abayay, presentes especialmente en la zona de Nonogasta, y destacó la permanencia de palabras de origen quichua en la geografía riojana.
Entre los ejemplos que enumeró figuran Chaupihuasi, Samahihuasi, Nonogasta, Aymogasta, Pituil, Amilgancho, Anguinán, Upinango e Izmiango.
Para el historiador, estas denominaciones constituyen vestigios de una historia que muchas veces quedó relegada, pero que continúa presente en la identidad provincial.
También explicó que durante la colonización existieron distintas posturas respecto de las lenguas indígenas. Mientras algunos conquistadores pretendían imponer el idioma español, sectores religiosos aprendieron las lenguas locales para transmitir sus creencias.
Esa tensión entre imposición cultural, adaptación y permanencia ayuda a comprender por qué ciertos elementos de las culturas originarias sobrevivieron hasta la actualidad.
En su repaso histórico, Rojo también se refirió al origen del nombre de la provincia. Según explicó, la denominación proviene de La Rioja española y se vincula con la conjunción de las palabras “río” y “hoja”.
Asimismo, señaló que el nombre fue trasladado a estas tierras por el fundador, Juan Ramírez de Velasco, quien era originario de aquella región española.
Finalmente, destacó el papel de Blas Ponce, un empresario que aportó recursos económicos para hacer posible la fundación de la ciudad y cuya participación, según sostuvo, no siempre recibió suficiente reconocimiento histórico.
A más de cinco siglos de la llegada de Colón a América y a más de cuatro siglos de la fundación de La Rioja, las huellas de aquel proceso permanecen en la geografía, los nombres, las tradiciones y la identidad cultural de la provincia.
La reflexión sobre el 12 de octubre, concluyó Rojo, requiere reconocer tanto los procesos de integración cultural como los conflictos y la violencia que marcaron la conquista.

