
La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva le garantiza cuatro años más en el Palacio del Planalto, pero no le asegura el control político de Brasil. Desde febrero de 2027, deberá gobernar frente a un Congreso fortalecido por la derecha, con el Partido Liberal (PL), ligado al bolsonarismo, como principal fuerza tanto en Diputados como en el Senado. La Cámara baja tendrá 121 representantes del PL y el Senado contará con 28 integrantes de ese partido.
El desafío de Lula será transformar su victoria electoral en capacidad de gobierno. Para aprobar leyes, sostener su agenda económica y social y avanzar con sus principales reformas, necesitará negociar con partidos de centro y con el llamado Centrão, un espacio que puede resultar decisivo para construir mayorías.
La derrota de Flávio Bolsonaro no significa el retroceso del bolsonarismo: su fuerza legislativa seguirá condicionando al Ejecutivo y podrá convertirse en un obstáculo para sus principales iniciativas.
Lula ganó la elección más importante, pero ahora comienza otra disputa: la de gobernar un país políticamente dividido, con una oposición fortalecida y un Congreso que no necesariamente acompañará sus decisiones. Su principal desafío no será solamente gobernar Brasil, sino conseguir los votos para hacerlo.

