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Pérdida auditiva: cuáles son las señales tempranas y por qué recomiendan controles

La fonoaudióloga Ana Fernández advirtió sobre el impacto de las afecciones auditivas, explicó cómo prevenirlas y recomendó controles anuales para detectar a tiempo posibles pérdidas de audición.

La pérdida auditiva puede avanzar de manera silenciosa y afectar no solo la capacidad de escuchar, sino también la comunicación, los vínculos familiares y hasta las funciones cognitivas. Así lo explicó la licenciada en Fonoaudiología Ana Fernández, durante una entrevista en el programa Nuestra Salud, donde brindó recomendaciones para cuidar la audición en las distintas etapas de la vida.

Fernández destacó que el oído es un órgano complejo que cumple una función fundamental: permite escuchar, discriminar los sonidos e interpretar la información que llega al cerebro. Por eso, consideró importante comenzar con la estimulación auditiva desde temprana edad.

La profesional recordó que, a partir de la legislación nacional de pesquisa auditiva, se realizan controles a los recién nacidos. En La Rioja, explicó, el estudio se lleva adelante en el Hospital de la Madre y el Niño y también en consultorios fonoaudiológicos.

El primer examen se realiza mediante un aparato que utiliza una pequeña sonda colocada en el oído del bebé. El dispositivo emite estímulos sonoros específicos y registra las respuestas de la cóclea, una estructura del oído interno donde se encuentran las células que permiten escuchar.

Fernández aclaró que un resultado bajo en ese primer control no significa necesariamente que exista una pérdida auditiva. En esos casos, se informa a la familia y se programa una nueva evaluación, generalmente al mes.

“Con un solo estudio no podemos hacer un diagnóstico”, explicó. Además, destacó el papel de las familias en el seguimiento: una mamá o un papá informados pueden observar el desarrollo del niño y advertir posibles dificultades.

La profesional señaló que, si los resultados posteriores son satisfactorios, se continúa con los controles correspondientes, entre ellos el que se realiza cuando el niño comienza la etapa escolar.

Uno de los aspectos centrales de la entrevista fue la importancia de observar las respuestas de los niños ante los estímulos cotidianos. Fernández indicó que, alrededor de los siete u ocho meses, una señal de alerta es que el bebé no responda cuando lo llaman por su nombre.

También recomendó prestar atención si el niño necesita que le suban demasiado el volumen del televisor o no reacciona ante sonidos fuertes del ambiente.

La especialista remarcó que los estudios deben complementarse con la observación de la conducta, ya que la audición también se manifiesta en las respuestas del niño frente a los sonidos y las voces.

En ese sentido, explicó que la estimulación puede comenzar incluso durante el embarazo. Según detalló, desde el cuarto o quinto mes de vida intrauterina el bebé puede registrar sonidos. Por eso, hablarle durante la gestación y continuar haciéndolo después del nacimiento contribuye a estimular su vía auditiva.

También propuso ejercicios sencillos en el hogar para que los bebés comiencen a relacionar sonidos con personas y situaciones cotidianas. La repetición de determinadas voces o ruidos permite que presten atención y desarrollen esas asociaciones.

Fernández advirtió que las infecciones de oído que se producen de manera reiterada pueden generar consecuencias auditivas. Explicó que la otitis suele afectar el oído medio y puede dificultar la transmisión adecuada del sonido hacia el oído interno.

Por eso, recomendó acudir al otorrinolaringólogo cuando se presentan infecciones repetidas o cuadros importantes. Incluso si el recién nacido tuvo un primer control auditivo normal, pueden ser necesarios nuevos estudios.

La profesional también señaló que los antecedentes familiares de pérdida auditiva deben ser considerados dentro de los protocolos de seguimiento. En esos casos, pueden realizarse evaluaciones progresivamente más complejas, desde las otoemisiones acústicas hasta los potenciales evocados auditivos.

La exposición prolongada a sonidos intensos es otro de los factores que preocupan a la especialista, especialmente por el uso cotidiano de auriculares entre adolescentes y jóvenes.

Fernández recomendó limitar su utilización a una o dos horas como máximo, prestar atención al volumen y evitar permanecer expuestos durante períodos prolongados a sonidos elevados.

“Muchas veces yo voy por la calle y escucho lo que está escuchando el otro”, comentó al describir situaciones habituales que reflejan niveles de volumen excesivos.

Además, aconsejó buscar momentos de silencio para permitir que el oído descanse y realizar controles periódicos. También mencionó que existen estudios que analizan posibles relaciones entre el COVID, los acúfenos —ruidos o zumbidos percibidos en el oído— y las pérdidas auditivas.

La fonoaudióloga sostuvo que los controles auditivos deberían incorporarse a los cuidados habituales de salud. Recomendó realizar una audiometría al menos una vez al año y comenzar con estas evaluaciones alrededor de los 20 años.

Explicó que la audiometría permite obtener una curva auditiva que muestra cómo responde cada oído ante diferentes frecuencias y volúmenes. Esa información resulta fundamental para determinar si existe una pérdida y establecer el tratamiento adecuado.

Fernández diferenció las funciones del otorrinolaringólogo y del fonoaudiólogo: mientras el médico evalúa la parte clínica y anatómica del oído, el profesional de Fonoaudiología realiza los estudios auditivos, entre ellos audiometría, logoaudiometría, otoemisiones e impedanciometría.

A partir de esos resultados, ambos profesionales pueden llegar a un diagnóstico y definir las alternativas de tratamiento.

Durante la entrevista, Fernández también respondió consultas sobre el uso de audífonos y aclaró que no existe un dispositivo universal para todas las personas con dificultades auditivas.

Cada audífono debe calibrarse de acuerdo con la pérdida auditiva de quien lo utiliza. Una adaptación incorrecta puede provocar molestias y hacer que la persona deje de usarlo.

La especialista explicó que, después de la adaptación, también puede ser necesaria una etapa de estimulación auditiva, a cargo de un fonoaudiólogo.

Además, buscó derribar los prejuicios vinculados con estos dispositivos. Señaló que actualmente existen modelos pequeños y discretos, y que algunas obras sociales ofrecen cobertura, aunque reconoció que pueden tener costos elevados.

Fernández puso especial atención en una situación frecuente entre las personas mayores: escuchar los sonidos, pero tener dificultades para comprender las palabras.

Explicó que algunas personas pueden participar de una reunión familiar, reírse cuando los demás lo hacen, pero no lograr identificar qué se dijo. Con el tiempo, esa dificultad puede llevarlas a aislarse porque deben pedir que repitan constantemente o no consiguen seguir una conversación.

La profesional advirtió que una pérdida auditiva no tratada puede comprometer la estimulación del sistema nervioso y asociarse con un deterioro cognitivo. Por eso, insistió en la importancia de detectar el problema tempranamente y comenzar el tratamiento cuando corresponde.

“Cuidemos la parte auditiva, que tomemos conciencia de la importancia que tiene tener una buena audición”, fue el mensaje final de la especialista, quien remarcó que la consulta al otorrinolaringólogo y los estudios realizados por fonoaudiólogos son fundamentales para preservar la salud auditiva.

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